Web contable / Entrevistas: actualidad contable / "Las normas contables difícilmente podrán ser objetivas si tienen como objetivo principal evitar la volatilidad de los resultados y el patrimonio"





Felipe Herranz Martín

Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)


 

Durante el mes de noviembre se ha vivido una intensísima actividad reguladora por parte de los organismos más relevantes en el panorama internacional; y dichos cambios normativos han tenido que ver con la valoración de los instrumentos financieros. ¿Podría describirnos someramente cuáles han sido los cambios emprendidos, así como las razones fundamentales para abordarlos?

Los cambios tienen por objeto la aceptación de realizar -en determinados casos y cumpliendo ciertas condiciones- reclasificaciones de instrumentos financieros designados en el momento de su reconocimiento en la categoría de "Valor razonable con cambios en pérdidas y ganancias" o "Disponibles para la venta" a la categoría de "Préstamos y partidas a cobrar".

Aparentemente, las razones "esgrimidas" para realizar este cambio con tanta urgencia se basan en el objetivo de limitar cuanto antes los efectos de un circulo vicioso que podría estar dándose en medio de la crisis, descrito del siguiente modo: en la situación actual del mercado, algunas entidades financieras tienen que reforzar su estructura de capital -entre otras razones por requisitos regulatorios- que ha podido verse perjudicada por caídas sufridas en la cotización de algunos de sus activos. A su vez, la enajenación de activos es precisamente una de las vías más rápidas para mejorar sus ratios, pero produce nuevas caídas de cotización que pueden deteriorar de nuevo su estructura de capital.

Con la posibilidad de permitir ciertas reclasificaciones de instrumentos financieros se ha pretendido limitar en alguna medida los pretendidos efectos perniciosos, al facilitar la contabilización a coste amortizado de algunos instrumentos financieros que inicialmente fueron designados para su medición a valor razonable.

Sin embargo, difícilmente podrán las normas contables ser objetivas si tienen como objetivo principal evitar la volatilidad de los resultados y el patrimonio. Es necesario marcar la prioridad: a) Se limita la volatilidad, a costa de perder objetividad, o b) Se refuerza la objetividad, aunque ello implique volatilidad.


¿Qué le ha llamado más la atención de estas modificaciones contables, que se hayan aprobado y adoptado en menos de una semana o que se haya hecho con efectos retroactivos?, ¿puede tener efectos este tipo de acciones reguladoras en la credibilidad de la información financiera?

Respecto su primera pregunta, le diré que me han llamado la atención los dos aspectos: la urgencia y la retroactividad.

Por un lado, la urgencia resulta inapropiada ya que no permite el "debido proceso" de las consultas, "elemento de distinción" de los principales emisores de normas contables. En el Financial Times del pasado día 12 de noviembre podíamos leer que el presidente del IASB, sir David Tweedie, admitió que había considerado la posibilidad de dimitir cuando fue forzado por la Unión Europea para realizar los cambios sin aplicar la "regla sagrada" de las consultas previas, ante la amenaza de la UE de utilizar el mecanismo del "Endorsment" para realizar cambios con mayor alcance que en la práctica podrían llegar a permitir cualquier tratamiento ("accountig free-for-all").

Por otro lado, la retroactividad tampoco resulta apropiada porque cercena otro aspecto básico de las normas contables: el tratamiento de las operaciones y de las valoraciones debe estar predeterminado. Aunque no es deseable, es aceptable que existan opciones alternativas de tratamiento contable en determinados casos. De hecho las normas del IASB contemplan tratamientos opcionales en algunos casos. Sin embargo, no resulta aceptable que, habiéndose producido determinados hechos, se cambien las normas aplicables a tales hechos.

En relación con la credibilidad de la información financiera, mi opinión es que se ha visto perjudicada por estos cambios. Es innegable que -justificados o no- estos cambios precipitados están encaminados a producir unos estados financieros distintos a los que se debían haber emitido con las normas vigentes en el momento de producirse determinados hechos. En un artículo publicado en Expansión el día 15 de noviembre podemos leer: "Entidades británicas, alemanas e italianas aprovechan un ajuste en la normativa para evitar 4.500 millones de euros de pérdidas en el tercer trimestre".


Pero, además, "llueve sobre mojado". En efecto, crece en el mercado la preocupación de que por unas u otras razones -manipulación de cuentas, interpretaciones "sutiles" de las normas, cambios retroactivos de las normas, etc.- existe una tendencia a presentar la información financiera "que conviene" en lugar de la "que resulta", con un desparpajo que ha sobrepasado en exceso límites más o menos aceptados implícitamente como "el alisamiento de beneficios".

El mercado contempla aterrado como determinadas empresas poderosísimas que han venido presentando una cuentas magníficas y han venido retribuyendo de forma generosísima a sus altos directivos, de pronto quiebran o requieren apoyos del estado. (En EEUU hemos visto casos recientes).

Lamentablemente, esta situación propicia que se puedan dar casos en los que "paguen justos por pecadores" si los inversores terminan por llegar a la conclusión de que los resultados excelentes son realmente mecanismos perversos de "huída hacia adelante" que en la práctica debilitan a la empresa por la detracción de liquidez que pueden conllevar a través de altos dividendos y de retribuciones especiales de los altos directivos.


Se ha cuestionado el papel de las normas contables y, en concreto la valoración a valor razonable, por tener efectos procíclicos. ¿Han propiciado o aumentado los efectos de la crisis financiera, la valoración a valor razonable o han sido los comportamientos optimistas de los inversores o prestamistas los que han infravalorado los riesgos?

En mi opinión, es muy arriesgado afirmar que sólo hay una manera de presentar los estados financieros de las empresas. Sin embargo, es imprescindible que las normas contables se emitan desde la independencia y se apliquen consistentemente, de modo que las modificaciones que necesariamente deben tener se realicen aplicando el "debido proceso" y guardando los plazos de aplicación suficientes para que emisores y usuarios se preparen para su aplicación e interpretación.

La medición a valor razonable es un criterio contable perfectamente válido. Refleja la volatilidad de los mercados pero es discutible que la provoque. No debemos aceptar que las empresas realicen o dejen de realizar determinadas operaciones por los efectos contables que produzcan. Las decisiones empresariales deben buscar siempre la mejor alternativa para la empresa a largo plazo, tanto desde el punto de vista económico como del financiero, sin descuidar la liquidez… aspecto que requeriría otra entrevista.


El problema se presenta cuando el valor razonable se aplica inconsistentemente, se define de forma imprecisa y se calcula sin suficientes garantías. En efecto, tanto las normas del IASB como del FASB son el producto de difíciles acuerdos para, aportando unos mínimos criterios técnicos, no chocar frontalmente con poderosos estamentos que rechazan categóricamente la volatilidad que pueda producir el valor razonable que consideran inapropiada. La mayor resistencia se produce respecto a la volatilidad de los resultados, siendo menor -pero no inexistente- en relación con la volatilidad del patrimonio neto.

Precisamente, en estos momentos existen dos proyectos importantes de mejora del IASB que pueden tener efectos sobre el tratamiento de los instrumentos financieros. Uno de ellos se refiere a la mejora de la definición y cálculo del valor razonable y otro hace referencia a la posible simplificación y mejora de las normas relacionadas con los instrumentos financieros en particular. No sé si la crisis actual y los acuerdos del G-20 propiciarán proyectos nuevos o se continuará con los existentes.

<<Es innegable que -justificados o no- estos cambios precipitados están encaminados a producir unos estados financieros distintos a los que se debían haber emitido con las normas vigentes en el momento de producirse determinados hechos. >>

En todo caso, parece evidente que todos los actores de los mercados coinciden en la necesidad de mejorar las normas actuales. Sin embargo, me temo que diferentes actores tienen criterios distintos y hasta dispares respecto a los objetivos que deben alcanzar las pretendidas modificaciones. En mi opinión, las modificaciones deberían mejorar algunos aspectos de las normas actuales sobre instrumentos financieros que son claramente deficientes. Por ejemplo:

· El modelo mixto de coste amortizado y valor razonable presenta importantes dificultades.
· El destino mixto de las diferencias de valoración: la cuenta de pérdidas y ganancias y el patrimonio neto, también requiere revisión.
· La distinción entre operaciones de inversión y de cobertura no es sencilla y, por lo tanto, su aplicación práctica puede dar lugar a inconsistencias significativas.
· Las alternativas de tratamiento que ofrecen en ocasiones las normas, junto con la posibilidad de declarar o no operaciones que cumplen los requisitos de cobertura, proporciona un cierto grado de discrecionalidad poco deseable.
· El tratamiento de las comisiones es inconsistente: unas veces se registran en la cuenta de pérdidas y ganancias y otras se incorporan al valor inicial de un activo o pasivo. En ocasiones, el activo o pasivo ajustado con las comisiones es medido posteriormente a valor razonable con cambios en patrimonio neto con lo que la comisión inicial va a parar a dicha partida del balance. Es decir, las comisiones, siendo un elemento básico en las operaciones con instrumentos financieros, pueden tener -según los casos- todos los destinos posibles, dando lugar a un posible oscurecimiento de un dato tan significativo.
· La medición a valor razonable de instrumentos financieros cotizados en mercados líquidos refleja normalmente el valor corriente de un activo o pasivo financiero. Sin embargo, cuando el instrumento financiero no cuenta con ese tipo de cotización, deberían calcularse por separado los efectos de mercado y de riesgo de crédito. Por ejemplo, en muchos casos, el descuento de flujos de caja utilizando tipos que incluyan el riesgo de crédito podría ser insuficiente para valorar dicho riesgo.

Algunas de estas debilidades fueron resueltas de manera razonable por parte de un grupo compuesto por los expertos más cualificados, procedentes de los organismos reguladores nacionales e internacionales más prestigiosos (JWG - Joint Working Group of Standard Setters) que en diciembre del año 2000 emitieron un documento denominado "Draft Standard and Basis for Conclusions. Financial Instruments and Similar Items" que fue publicado por el IASB y el FASB.

Este documento -insuficientemente conocido- contiene los mejores análisis que yo conozco, realizados por un emisor de normas contables, respecto al fondo económico de los instrumentos financieros en general y los derivados en particular. Como es sabido, solo sobre la base de una identificación correcta del fondo económico de las operaciones puede emitirse una norma contable apropiada. Por ello, aunque sea perfectible, este borrador de norma presenta soluciones apropiadas. Lástima que no existiera apoyo político para que pasara a ser una norma.


Las titulizaciones de las hipotecas "basura" ha sido uno de los vehículos como se ha internacionalizado la crisis e incluso por el alejamiento del creador del crédito respecto al tenedor del mismo que haya provocado un crecimiento desmesurado de este tipo de activos, ¿han contribuido las normas contables o ha sido un problema de la regulación de los mercados donde se comercializaban esos títulos o de las agencias de calificación que los calificaban positivamente?, ¿cuál es, en su opinión, el futuro que deberían tener?

En relación con las calificaciones, creo que se han dado dos problemas que se han superpuesto. El problema obvio que podemos leer en la prensa es que los rating no eran de fiar. Es cierto. Pero creo hay otro problema más sutil: en ocasiones las calificaciones no se han entendido bien. En efecto, las calificaciones otorgadas a determinados títulos podrían haber hecho referencia a la calidad crediticia del intermediario y no a la calidad crediticia del "pagador" final. En realidad sería muy difícil analizar la situación e intenciones del público en general.

Además, creo que las normas contables también han propiciado en alguna medida que se haya retrasado el reconocimiento del deterioro de determinados activos vinculados con hipotecas "basura". En particular, considero que una de las deficiencias de las normas vigentes apuntada en mi respuesta anterior es la clave. Si se hubieran calculado por separado el valor de mercado y el riesgo de crédito -sin excluir alternativas estadísticas basadas en datos observables como por ejemplo el exceso de oferta de viviendas- posiblemente se hubiera limitado en alguna media dicho retraso.


<<La medición a valor razonable es un criterio contable perfectamente válido. Refleja la volatilidad de los mercados pero es discutible que la provoque>>

<<El problema se presenta cuando el valor razonable se aplica inconsistentemente, se define de forma imprecisa y se calcula sin suficientes garantías. >>

Se han prohibido las ventas en corto en prácticamente todos los mercados de valores, ¿podría explicarnos cuál es la razón y cuáles los efectos pretendidos?

Estas prohibiciones tienen la apariencia de dar continuidad al enfoque cuasi-piramidal en el que se han venido basando las finanzas en los últimos años: todos los precios van a subir de modo que todo el mundo va a ganar mucho aunque existan altos costes de intermediación.

Lógicamente, este enfoque es contrario a la esencia del mercado. Todos sabemos que un exceso de oferta necesariamente dará lugar a bajadas de precios.

Por otra parte, las ventas en corto no siempre dan lugar a bajadas continuas de cotización. No hay que olvidar que primero se vende (incrementando la oferta) pero luego se compra (aumentando la demanda). Por la misma razón, el inversor en este tipo de operaciones no tiene obviamente garantizado un beneficio. Recientemente hemos leído en la prensa "para sobresalto el que se llevaron los bajistas de Volkswagen". (Expansión 13 de noviembre 2008, pág. 10).

Además, si un inversor considera que el mercado o un determinado valor va a sufrir bajadas importantes en bolsa y quiere apostar por ello, siempre puede contratar un derivado apropiado con parecidos efectos finales y una menor inversión inicial.

Por lo tanto, no creo que estas prohibiciones resulten apropiadas.


Los detractores de los mercados de derivados han aumentado con esta crisis financiera, ¿podría indicarnos qué aportan los productos derivados a la gestión empresarial?

Como es sabido, existen defensores y detractores virulentos de los derivados. Estas posiciones extremas se producen generalmente sobre la base de analizar distintas interpretaciones de los efectos producidos por este tipo de instrumentos. Sin embargo, los derivados únicamente producen los efectos previstos en el contrato a que dan lugar. No otros.

Algunos derivados tienen coste inicial y otros no lo tienen. Los depósitos en garantía también difieren entre unos productos y otros, pero todos los derivados tienen dos elementos comunes:

a) La valoración del subyacente en el momento de la liquidación del derivado dará lugar a diferencias positivas para una de las partes y negativas para la otra, sin descartar la posibilidad de que no existan diferencias a liquidar.

b) Puede existir riesgo de crédito por la esencia del derivado o por el posible incumplimiento de la contraparte o el intermediario, en la medida en la que no se hayan recibido suficientes depósitos en garantía.

Resumiendo mucho, además de servir para realizar operaciones de inversión con alto apalancamiento, los derivados son instrumentos financieros que pueden ser muy útiles para llevar a cabo, con mayor sencillez que otras alternativas, decisiones previamente tomadas por la empresa. No al contrario. Es muy peligroso interpretar que la existencia de un determinado derivado prejuzga que su uso sea conveniente para una empresa.

Por ejemplo, si una empresa española, aplicando una estrategia libremente adoptada, quiere tener una financiación en dólares, puede optar por dos alternativas básicas.

1) Pedir un préstamo en dólares.
2) Pedir un préstamo en euros (posiblemente más sencillo) y contratar un derivado apropiado (por ejemplo un currency swap) para alcanzar la misma posición de riesgo de mercado que en el caso 1).

Sin embargo, siguiendo con el ejemplo, la existencia de un derivado con los efectos apuntados no prejuzga que una empresa deba contratarlo de una forma mecanicista si tales efectos no coinciden con la estrategia diseñada por la empresa, aunque lleve la etiqueta de "cobertura" o cualquier otra. En otra ocasión me gustaría hablarle de las coberturas genuinas y no genuinas.


Se ha planteado una mayor regulación del mercado de derivados, ¿cuáles son las principales propuestas? y ¿qué efectos pueden tener en la gestión de riesgos financieros la limitación de estos mercados?

La posibilidad de contratar derivados en un mercado libre no debe eliminarse. En mi opinión, la regulación debería tener las siguientes prioridades:

· Respecto a su tipología, solo deberían prohibirse aquellos derivados que no puedan liquidarse de una forma totalmente objetiva. Debe entenderse que se da esta circunstancia cuando ninguna de las partes pueda tener influencia directa en la determinación de la valoración del subyacente al que el derivado está referido. Es decir, la liquidación del derivado sólo debe utilizar variables observables por todos los actores, publicadas objetivamente.

· Asimismo, debe cuidarse especialmente la definición de las condiciones que deben cumplirse para la comercialización y formalización de contratos relacionados con derivados. Es muy importante eliminar los juicios de valor (cobertura, inversión. especulación, etc.) en favor de los datos verdaderamente relevantes. Esto es, deben precisarse las consecuencias a que dará lugar el derivado, tanto por el efecto inducido por las distintas valoraciones que puede alcanzar el subyacente en el momento de la liquidación, como por las repercusiones que puedan derivarse de insolvencias o pérdidas de rating por parte de intermediarios y contrapartes. Ejemplos de varios escenarios finales (el mejor, el peor y alguno intermedio) serían una buena forma de documentar debidamente un derivado.

· Sería recomendable que los depósitos en garantía iniciales y sus actualizaciones posteriores, en la medida en que se realicen, representasen la pérdida máxima en que el inversor puede incurrir. Con esta condición, los intermediarios tendrían que evaluar un razonable equilibrio entre incentivar la contratación por parte del inversor -con depósitos suficientemente bajos- y gestionar adecuadamente el riesgo asumido por la mencionada limitación de pérdidas -con depósitos suficientemente altos-. Se trataría de asimilar, en cierta medida, los productos OTC a los productos bursátiles.

· Los intermediarios deberían ser siempre entidades financieras -u otras entidades con similar control- habilitadas expresamente para realizar estas operaciones sobre la base de cumplir determinados requisitos. Paralelamente, debería existir una protección del inversor, por los depósitos entregados, en caso de quiebra del intermediario, similar a la existente en los depósitos bancarios.

La exigencia de que todos los derivados coticen en Bolsa creo que es excesiva, siempre que se cumplan, como mínimo, los requisitos antes apuntados.


Muchos clientes de entidades financieras en los últimos años han comprado instrumentos financieros estructurados en los cuales los riesgos contraídos pueden ser difíciles de evaluar, ¿cómo puede afectar a este tipo de productos la crisis financiera y las experiencias vividas?

El problema de imagen que arrastran los derivados (los instrumentos financieros estructurados no dejan de ser "paquetes" comprensivos de varios instrumentos financieros derivados y no derivados) viene dado por un elemento central: el que gana al vencimiento del derivado, siempre estará contento, cualquiera que haya sido la intencionalidad de su contratación; por el contrario, al que pierde no le consuela el hecho de haberlo contratado con una u otra intencionalidad. Incluso en el caso de que haya sido contratado en aras de una pretendida cobertura, siempre tendrá efectos de lucro cesante respecto a un competidor que teniendo la misma posición financiera no ha contratado dicho derivado.

<<El documento "Draft Standard and Basis for Conclusions. Financial Instruments and Similar Items" publicado por el IASB y el FASB, contiene los mejores análisis que yo conozco, realizados por un emisor de normas contables, respecto al fondo económico de los instrumentos financieros en general y los derivados en particular.>>

Sin embargo, en esta crisis en particular, el riesgo de crédito mal evaluado ha tenido una especialísima influencia. Por lo menos, por tres vías:

· Por una parte, algunos inversores se han encontrado con riesgos de crédito acumulados, tanto relacionados con intermediarios como con contrapartes.
· Algunos intermediarios, se han encontrado con bruscos efectos en valoraciones aplicables a derivados contratados con clientes cuyos depósitos eran muy insuficientes para cubrir las pérdidas incurridas por ellos. Este hecho, ha propiciado que pérdidas incurridas por los clientes se hayan convertido en cuantas a cobrar de dudoso cobro para estos intermediarios por importes muy significativos.
· Los derivados de crédito han proliferado de forma sorprendente en los últimos años. Se trata de instrumentos financieros que, bien usados, pueden servir para que entidades de seguros asuman riesgos de crédito de sus clientes a cambio de recibir las primas adecuadas. También pueden servir para que esas mismas entidades de seguros puedan repartir el riesgo asumido con otros partícipes a modo de reaseguro. Sin embargo, es posible que no se hayan evaluado del todo las consecuencias de estos derivados, ya que tienen un doble riesgo de crédito: Por un lado el asumido respecto al incumplimiento (default) o reducción de rating de la empresa o particular que debe cumplir el compromiso asegurado. Por otro lado, el riesgo de contrapartida y de intermediación del propio derivado de crédito.

Pensando en el futuro, ¿cómo podría mejorarse el modelo de regulación financiera y contable?

Opinar sobre todos los elementos de mejora que deberían introducirse en los nuevos modelos de regulación o autorregulación, sobrepasaría el espacio de su amable entrevista. Sin embargo, sí considero muy relevante diferenciar dos aspectos que a veces se confunden: la regulación y las normas contables.

Permítame una caricatura: Una ciudad puede tener una normativa sobre la altura que deben tener los edificios (regulación financiera en nuestro caso) y unas normas para medir los edificios (las normas contables). Pueden darse circunstancias especiales o nuevas situaciones que aconsejen modificar la regulación, con carácter general o particular, de forma temporal o no, etc., pero sería impresentable que se diese solución al problema cambiando los métodos de medición.

Sin embargo, es muy posible que a veces se considere que tiene políticamente menos "desgaste" influir en las normas contables que relajar la regulación. Dos ejemplos significativos: Alan Greenspan en 1997 y Jacques Chirac en 2003, intervinieron en la polémica suscitada ante la inminente emisión de las normas contables sobre instrumentos financieros, por parte del FASB y del IASB, en USA y la Unión Europea, respectivamente.

Creo que la emisión de unas normas contables únicas globales por parte de órganos profesionales independientes, sería la mejor forma de garantizar unas normas adecuadas en aras de mejorar la protección de los inversores y otros usuarios de estados financieros. Por lo menos, se evitaría la situación de "un solo cliente principal" que tienen que afrontar ahora el FASB y el IASB.


¿Veremos durante la década que comienza en 2011, la culminación del proyecto de normalización internacional en torno a un organismo como pueda ser el IASB?

Soy optimista. Creo que la crisis del 29 sirvió para mejorar la información financiera de las empresas. La nueva crisis debe servir ahora para dar un nuevo impulso que corrija las deficiencias actuales. Un órgano internacional independiente emisor de normas contables, con financiación conocida, proveniente de los usuarios de la información financiera sería la solución apropiada.

Técnicamente, no veo mayores dificultades. En realidad ahora mismo solo existen dos reguladores importantes (el FASB y el IASB) que ya están trabajando juntos. El mayor problema lo veo en la decisión política de los países y de la UE de abandonar sus "prerrogativas" actuales; ya sea el "endorsement" de la Unión Europea o las capacidades normativas en materia contable de los diferentes países.

Debería existir la generosidad de admitir que merece la pena la pérdida de un cierto poder en esta materia a cambio de mejorar la transparencia y la eficiencia de los mercados en beneficio de todos.



Fuente: Newsletter AECA "Actualidad NIC/NIIF" Nº 35 - Enero 2009