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Alfredo Ciríaco

Socio Director Nacional de Auditoría de Audihispana Grant Thornton

 

Son muchos los que hablan y asocian los dogmas contables en general, y el valor razonable en particular, como causantes del ciclo recesivo que estamos atravesando desde la segunda mitad de 2008, denominado por algunos autores como la "crisis del crédito". Esta asociación se debe a la coincidencia en la aplicación generalizada del valor razonable con el final del período alcista y comienzo del bajista. Faltan estudios capaces de separar los efectos causados por la aplicación de las nuevas normas contables del resto de problemas macroeconómicos verdaderos causantes del actual escenario. El Valor Razonable no ha traído la crisis, si bien es cierto que ha podido acelerar o amplificar sus efectos.

El Banco de Inglaterra ha informado que las pérdidas de los bancos por ajuste del precio de sus inversiones a valores de mercado ascienden a 3 billones de dólares, cifra próxima a la producción económica británica de un año. El Banco Asiático de Desarrollo estimó que los activos financieros mundiales podrían haber visto reducido su valor en algo más de 50 billones de dólares, cifra cercana a la producción global anual. A la pregunta de si dichas reducciones de valor son debidas a ajustes al valor razonable, claramente la respuesta será afirmativa. Sin embargo, el fallo estrepitoso en las finanzas del Siglo XXI, donde la economía mundial ajustada a valores razonables arroja pérdidas de tales envergaduras, resulta verdaderamente desconcertante y no faltan posibles culpables: falta de ética, créditos excesivos con fallos en la gestión de riesgos, una política monetaria excesivamente flexible y la extraordinaria complejidad de las finanzas contemporáneas marcada por una oleada de innovación financiera, que ha llegado a modificar el propio funcionamiento del sistema financiero hasta el extremo que, en la última década, ha sido capaz de ofrecer grandes beneficios a los intervinientes en el mismo, sin entender demasiado bien las razones que los justificaban. Esto ha provocado que el mercado esté infectado de pérdidas inimaginables y que a su vez se derrumbase la confianza de los inversores en el sistema. Así pues, en los momentos actuales priman las pérdidas y el desconcierto entre todos los agentes intervinientes en el mercado.


Causas de la Crisis. Conexiones con el Valor Razonable

Política de expansión artificial del crédito
Desde un punto de vista macroeconómico, hoy en día no existen dudas sobre el carácter recesivo que a la larga produce el "shock monetario" (crédito de nueva creación no ahorrado previamente por las economías) ya que, de entrada, pone a disposición de las empresas una capacidad adquisitiva que en la mayoría de los casos se invierte de manera desproporcionada, sin demasiado control y perdiendo de vista el binomio rentabilidad-riesgo (como ha venido ocurriendo en la última década en el sector de la construcción y la promoción). Este comportamiento sería el esperado si el ahorro de las empresas o particulares hubiera aumentado, sin embargo en la práctica no ha sucedido de la forma apropiada. Esta expansión del crédito, y su consiguiente utilización, ha impulsado una burbuja especulativa en forma de subida en los precios de los bienes de capital, principalmente de activos inmobiliarios. Así pues, el derrumbe de esta burbuja financiera, causado en parte por la desaparición de los beneficios de las empresas de capital (construcción y promoción principalmente) como resultado de errores empresariales guiados por el crédito barato, termina afectando negativamente a la economía real, revirtiendo el proceso en forma de recesión económica que, si ésta es combatida a golpe de reducciones de los tipos de interés y de nuevas inyecciones monetarias se estará posponiendo el reajuste (recesión) al dar al "borracho", que ya siente los síntomas de la resaca, más alcohol.

No obstante, de lo anterior y bajo el contexto de crisis actual, hay quienes culpan casi en exclusiva a las normas contables en general y al valor razonable en particular, alegando que su utilización ha sido un factor clave, causante y a su vez explicativo de la crisis actual, abriendo así el debate sobre la necesidad de un cambio tanto en la forma de medir los activos y pasivos como en la presentación de la información contable.

En nuestro país, la extensa reforma contable del año 2007 ha producido una adaptación importante a la propia normativa internacional, por lo que la cuestión sobre el valor razonable ha sido ineludible tanto en la valoración de la gran mayoría de los instrumentos financieros como en su utilización en el contexto de combinaciones de negocios. No obstante, las entidades de crédito ya venían aplicando la Circular 4/2004 del Banco de España desde el año 2005. Dicha Circular supo recoger los rasgos fundamentales de la normativa internacional.

Cuando se habla del valor razonable, automáticamente se crean dos puntos de vista opuestos. Hay quienes se convierten en verdaderos defensores e igualmente hay quienes ven en él grandes anomalías y pasan a ser detractores a ultranza. Quizás haya que hacer un esfuerzo por tratar de buscar la crítica partiendo de un punto intermedio, asumiendo que, al igual que a otros criterios de valoración, hay que reconocerles sus logros e identificar sus debilidades.

Argumentos a favor del Valor Razonable
El valor razonable es protagonista indiscutible de la normativa internacional (FASB e IASB, principalmente). Su aparición y uso a lo largo de las normas se puede encuadrar en cuatro vertientes: como un criterio de incorporación de las partidas a los estados financieros en el momento de su reconocimiento inicial, como método para separar componentes al contabilizarlos en caso de haber sido adquiridos de manera conjunta, como criterio de valoración posterior de algunas partidas (inmovilizados, inversiones inmobiliarias, activos biológicos e instrumentos financieros principalmente) y por último, para evaluar los test de deterioro de determinadas partidas.

No cabe duda de que el valor razonable permite a los usuarios de las cuentas anuales o estados financieros obtener una imagen fiel de la posición financiera "real" de la empresa, ya que consigue reflejar las condiciones económicas presentes así como sus cambios. Aceptar el valor razonable es asumir que el objetivo principal no es tanto el cálculo del resultado sino la correcta presentación de la verdadera situación financiera de una empresa en un determinado momento. Aceptar esto implica aceptar la medición de los activos y pasivos a precios actuales y, por tanto, medir correctamente su patrimonio neto. Parece claro que los precios últimos son la mejor indicación de los precios futuros de cualquier partida; es por ello que el valor razonable ayuda en los procesos de predicción de la información.

Si el párrafo anterior lo escribiésemos desde el punto de vista del coste de adquisición ¿seguiríamos manteniendo dicha conclusión sobre la aportación de valor y utilidad para los inversores? Seguramente no, ya que las posibles modificaciones en el precio no aparecerían hasta que se realizase o liquidase el activo o pasivo.

Sin embargo, la imagen fiel se puede defender o atacar desde dos corrientes en ocasiones opuestas: la corriente legalista asocia el concepto de imagen fiel con conformidad con la legislación vigente, mientras que la corriente económica asocia la imagen fiel con la preeminencia de la sustancia sobre la forma y por tanto bajo un marco conceptual que gira sobre la información útil para el usuario. No obstante, en algunos casos, puede resultar complicado compaginar el seguimiento de algunos principios contables (en concreto el de prudencia), con el objetivo principal de representar la imagen fiel. Difícilmente puede defenderse que un estado financiero como es el balance pueda reflejar la imagen fiel cuando sus activos se encuentran valorados al menor entre coste y mercado, cuando ciertas partidas han podido ser amortizadas de manera muy acelerada y carecer de valor en la contabilidad. Sin duda prudencia y precio de adquisición permiten conseguir unas condiciones alejadas de la realidad, reflejándose de manera especial en los activos inmobiliarios.

En definitiva, y pese a compartir la visión económica de la imagen fiel, no podemos dejar de constatar que en la escuela contable española, previa a la reforma, la imagen fiel se ha interpretado desde una óptica puramente legalista y pese a que la reforma contable ha situado la prudencia en una posición de equilibrio, ésta tiene una "autoritas" demasiado profunda.

Partiendo de lo anterior estaríamos en disposición de poder afirmar que el valor razonable gana la partida en cuanto al aspecto cualitativo de relevancia, puesto que tiene un mayor contenido informativo si se desea tomar decisiones basadas en el mismo. Así pues, la relevancia no se encuentra en entredicho.

Sin embargo la relevancia es una condición necesaria pero no suficiente para que la información contable aporte verdadero valor añadido a los usuarios de la misma. Además de relevancia se necesita que dicha información sea fiable para que a su vez pueda ser útil y es aquí donde debemos centrar el debate, en lugar de preguntarnos si deberíamos sustituir el valor razonable por otro más apropiado, algo que desde mi modesto punto de vista no tendría sentido al no existir alternativas que aporten mayor utilidad de forma significativa. Sin embargo, el valor razonable puede resultar poco fiable en determinadas ocasiones y es aquí donde los reguladores, emisores de normas contables, investigadores, académicos, la profesión contable y auditora deberían centrar sus esfuerzos para tratar de consolidar al valor razonable.


Críticas al Valor Razonable
Desde luego, no negaré que el valor razonable tiene debilidades muy significativas por resolver pero como hemos dicho, tiene la relevancia aunque debe ganar, y puede hacerlo, en fiabilidad. En cambio, el Coste de adquisición quizás tenga la fiabilidad, pero nunca podrá estar dotada de la característica de relevancia, al faltarle la calidad en sus cifras.

Sin embargo deben realizarse dos críticas fundamentales al valor razonable. La primera es su carácter procíclico y la segunda su falta de objetividad, materializada quizás en un objetivo demasiado abstracto, si bien esto no es un problema tanto del valor razonable sino de la falta de regulación entorno a su medición y a la inconsistencia de las normas sobre el valor razonable.

Respecto a la primera, podríamos afirmar que incrementa la volatilidad de los parámetros contables básicos (el resultado por ejemplo), pudiendo sesgar erróneamente la propia gestión empresarial. En épocas de bonanza, como la acontecida en la última década, puede generar un ficticio "efecto riqueza" que lleve a las empresas a asumir riesgos de una manera exagerada, pudiendo dañar los pilares básicos de la economía de mercado. Aceptar el valor razonable implica asumir que, según las circunstancias del ciclo económico, se inflen los valores del balance con plusvalías no realizadas y que, en algunos casos, pudiera ser que no llegaran a realizarse nunca. Como advertía anteriormente, el efecto riqueza que puede originar, principalmente en etapas de ciclo positivo, lleva a la distribución de beneficios en cierto modo "ficticios" o, al menos, no realizados en parte (coyunturales, quizás), lo que originará el consumo del capital de las empresas y de la economía nacional.

No obstante, asumiendo como real el efecto indicado en el párrafo anterior, igualmente cierto es que mejorar la estabilidad económica no debe ser el objetivo de la contabilidad, pues se estaría "descafeinando" los signos perversos indicados por el efecto procíclico del valor razonable. Debemos tener perfectamente claro hasta dónde llegan las responsabilidades de los reguladores del mercado de capitales, para evitar la conexión entre precios de mercado y los requisitos de capital de los bancos, y saber hasta dónde llegan las responsabilidades de la contabilidad. Por otro lado, la volatilidad de los precios no es un problema causado por el valor razonable. ¿Cuál es la razón por la que no se suspenden los requisitos de capital en épocas de crisis si se cree que los mercados están sobre-reaccionando? ¿Es un problema del valor razonable o de los reguladores de los mercados financieros?


Fuente: Newsletter AECA Nº 42 - Septiembre 2009