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Elisabeth Bustos


Profesora de la Universidad de Valencia
Miembro de la Comisión de Valoración y Financiación de Empresas de AECA




 

¿Por qué existen instrumentos financieros especialmente diseñados para pymes?

Porque si tenemos en cuenta que más del 99% de las empresas de nuestro país son pymes, es lógico inferir que la economía y el empleo se sustentan en ellas. No obstante, las características propias de su tamaño les han enfrentado tradicionalmente a una patente dificultad para acceder a la financiación a largo plazo, tan necesaria para desarrollar sus planes de crecimiento.

Pero la restricción a la financiación estructural no sólo puede comprometer el crecimiento de la pyme sino, lo que es más grave, su continuidad. Lamentablemente, la crisis tan virulenta que estamos padeciendo y sus derivaciones en el endurecimiento del crédito bancario están llevando a la quiebra a demasiadas pymes. Incluso a aquellas que, pese a disponer de negocios rentables, no pueden llevarlos a cabo por falta de financiación.

En definitiva, la financiación externa a largo plazo resulta vital para cualquier empresa, pero especialmente para las pymes que, precisamente por su menor tamaño, se enfrentan a esta grave crisis en desigualdad de condiciones financieras respecto a las grandes empresas.

Por todo lo anterior, en la actualidad cobran especial importancia las cuatro fuentes financieras diseñadas específicamente para las pymes, esto es, el capital riesgo, los préstamos participativos, el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) y el aval de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). .

<<la crisis y el endurecimiento del crédito bancario están llevando a la quiebra a demasiadas pymes. Incluso a aquellas que, pese a disponer de negocios rentables, no pueden llevarlos a cabo por falta de financiación.>>



¿Qué diferencias existen entre ellos?

Las diferencias son múltiples, pero básicamente las podemos concretar en la ubicación que ocupan en el balance de la empresa. El capital riesgo es capital social puro, y el MAB permite la captación de capital social, es decir, ambos se posicionan como fondos propios. Por otro lado, los préstamos participativos son recursos ajenos aunque con capacidad para comportarse como recurso propio ante la absorción de pérdidas y, por último, el aval en sí no es un recurso financiero ajeno, pero facilita la obtención de financiación bancaria.

Sin embargo, más que de diferencias podríamos hablar de cuestiones comunes, pues todos ellos están dirigidos exclusivamente a empresas que presenten, en mayor o menor medida, un aceptable potencial de crecimiento capaz de generar la rentabilidad exigida por cada uno de los financiadores. Además, la pyme debe contar con un adecuado y profesional equipo gestor.

Pero lo más destacable es que estos instrumentos no tienen un efecto meramente financiero pues todos ellos aportan a la pyme, con mayor o menor intensidad, un asesoramiento profesional. Obviamente, esta aportación adicional optimiza las posibilidades de éxito del proyecto financiado y, al mismo tiempo, refuerza la consolidación de la pyme.


¿Resulta complicado el acceso a estos instrumentos financieros?

Más que complicado, resulta diferente al acceso a la financiación bancaria a la que están acostumbradas las pymes. Especialmente por el tipo de documentación y proceso de negociación que requieren estos instrumentos. Téngase en cuenta que tanto en el capital riesgo como en el MAB, se trata de vender una parte de la empresa.

<<Aunque la contratación de un profesional experto pueda suponer un incómodo coste para la pyme, la obtención del gran volumen de financiación que puede obtener a cambio lo compensa sobradamente>>

Mientras que para el capital riesgo es muy recomendable la presencia de un asesor profesional que dirija todo el proceso, para el MAB es un requisito obligado la contratación de un asesor registrado que tutele a la empresa no sólo ante su salida al Mercado, sino durante todo el periodo que permanezca cotizando en el MAB. Aunque la contratación de un profesional experto pueda suponer un incómodo coste para la pyme, la obtención del gran volumen de financiación que puede obtener a cambio lo compensa sobradamente.

En cuanto al préstamo participativo y al aval de las SGR, el acceso se simplifica notablemente pues la pyme contacta y negocia directamente con las entidades correspondientes, consiguiendo de este modo un importante acortamiento de tiempo en la obtención de financiación.



¿Qué aspectos claves de estas financiaciones pueden resultar importantes para un empresario?

Pues si nos posicionamos como propietarios de una empresa, creo que lo que más nos preocuparía sería el volumen de financiación que podríamos obtener, el coste de la misma y la posibilidad de perder el control de la empresa.

En cuanto al volumen, cualquiera de estos instrumentos facilita la obtención de un número mucho mayor de fondos que los que se podrían conseguir a través de las entidades de crédito. Incluso con el aval de las SGR, ya que elimina el riesgo de crédito de las operaciones bancarias avaladas.

Respecto del coste, el de estos instrumentos se mueve en un rango que impide compararlo con el coste bancario. Pero estas operaciones no deben considerar el coste de forma aislada, sino que se deben de medir en términos de rentabilidad-coste. Si el Valor Actual Neto de la inversión a financiar, descontando el coste de la misma es positivo, la elección es obvia.

En este sentido, es interesante hacer hincapié en el asesoramiento estratégico que estos instrumentos financieros incorporan, pues resulta muy valorado por la mayoría de empresarios financiados. Este valor añadido hay que tenerlo muy presente en la elección de la financiación, ya que aporta una visión financiera de la que quizá el empresario carezca.

Por último, hay una cuestión que preocupa especialmente a los empresarios, pues temen perder el control de su empresa si acuden al capital riesgo o al MAB. Obviamente, esta cuestión no se plantea en el préstamo participativo ni en el aval de las SGR por aportar recursos ajenos, pero la entrada en el capital de personas externas a la empresa supone una importante reticencia para muchos empresarios.

Frente a esta cuestión, es necesario recalcar que tanto los inversores del capital riesgo como los que operan en el MAB son meros especuladores y su intención no es hacerse con el control de la empresa, sino la obtención de rentabilidad en su desinversión. Evidentemente, esta rentabilidad depende del valor de la empresa. Si estos inversores logran incrementar su valor, lógicamente también se beneficiará el empresario.

Para concluir, es interesante señalar que pese a sus diferentes características, estos instrumentos favorecen, en mayor o menor medida, el incremento del resultado contable y la liquidez, protegiendo de este modo el crecimiento sostenible de la Pyme.


Fuente: Newsletter AECA Nº 65 - Octubre 2011