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contable / Normas internacionales de contabilidad / Principales cambios... / 7. El concepto de activo: los deterioros del valor
El reconocimiento de un activo adquirido por la empresa, en el balance,
está sujeto al cumplimiento estricto de las condiciones que se
exigen para todos los pasivos, esto es, control del mismo a raíz
de sucesos pasados y probabilidad de obtener beneficios futuros. Los desembolsos
correspondientes a los elementos que no cumplan estas condiciones deben
ser considerados como gastos del periodo. Por ejemplo, se supone que los
gastos de investigación de un producto no cumplen la tercera de
las condiciones, y por tanto siempre son gastos.
Por el contrario, un elemento que cumpla las condiciones exigidas para
ser activo no puede llevarse directamente a resultados, sino que debe
ser capitalizado y amortizado en su caso. Por ejemplo, si los gastos de
desarrollo de un producto cumplen las condiciones exigidas a los activos,
deben considerarse activos inmateriales y amortizarse de forma sistemática.
El valor atribuido a un activo en el momento de su adquisición
es igual al coste histórico, es decir, a los desembolsos
efectuados para la compra y, si se ha pactado un pago diferido, el valor
actual neto de los desembolsos a efectuar. En el caso de producción
del elemento, se estará al coste de la misma. Esta práctica
no supone gran cambio con respecto a normas del PGC.
No obstante, hay ocasiones en que la valoración de la adquisición
se debe hacer al valor razonable del elemento comprado, como sucede en
los casos de permuta o de compra de la totalidad de una empresa. En concreto:
Si la adquisición se ha hecho mediante permuta por otro elemento
diferente, el coste de adquisición es el valor razonable del
elemento adquirido, y por tanto puede haber resultados,
positivos o negativos, en la operación.
Si se ha comprado una empresa (o se ha tomado el control de la misma),
los activos y pasivos identificables se valoran al valor razonable,
y si hubiera alguna diferencia con el precio pagado, se considera fondo
de comercio.
La valoración posterior a la compra puede ser, según los
casos, por el coste histórico (debidamente amortizado, en su caso)
o por el valor razonable. Como sucede en el PGC, ningún activo
puede valorarse por encima del valor recuperable del mismo.
En el caso de las existencias, las NIIF prohíben la utilización
del criterio LIFO en la valoración de inventarios y, por otra parte,
si las condiciones de pago difieren de las normales de compra a crédito,
los flujos previstos deben ser descontados y la diferencia se considera
como gastos financieros a repartir en el periodo que cubra el aplazamiento.
En las NIIF hay desarrollado un procedimiento muy minucioso para la comprobación
del valor recuperable de los activos, haciendo especial hincapié
en los activos fijos materiales o inmateriales ligados a la producción,
de forma que cuando el valor recuperable caiga por debajo del valor contable,
la empresa cargará a resultados la diferencia.
Se trata del test de deterioro del valor, que la entidad
debe desplegar en cuanto observe algún indicio de envilecimiento
del valor de los activos, ya sea por causas internas propias de la actividad
(por ejemplo bajo rendimiento u obsolescencia) o externas (por ejemplo
disminución del valor de mercado, cambios adversos del entorno
o del mercado del producto). En la mayoría de las ocasiones, este
test no podrá hacerse por elementos individuales, sino por conjunto
de ellos que, por servir a un mercado, puedan considerarse como unidades
generadoras de efectivo (UGE) independientes.
Al aparecer los indicios, la empresa debe determinar el valor recuperable
del activo o de la unidad generadora de efectivo (que será
el mayor entre el valor de uso y el valor de venta neto) y rebajar
el valor del elemento o conjunto de ellos si el valor en libros fuera
mayor. A partir de ese momento, las cuotas de amortización deben
ser recalculadas.
El valor de uso de un elemento o UGE es el valor actual neto de los flujos
de efectivo esperados de la explotación del mismo, descontados
a una tasa que refleje el valor temporal del dinero y los riesgos
específicos del activo.
Cuando se rebaje el valor de una UGE, se da de baja primero el fondo
de comercio asociado a ella, y luego se prorratea el importe restante
entre los elementos materiales e inmateriales que la componen.
Cabe la posibilidad de que revierta el deterioro del valor, en cuyo caso
se procede en sentido contrario, pero no se puede reponer el valor del
fondo de comercio asociado a la UGE salvo en el caso de que haya desaparecido
la causa que produjo el deterioro inicial. Si se repone en las cuentas
el deterioro, en ningún caso se puede superar el valor que los
elementos tendrían de haberse seguido amortizando según
el plan original establecido antes del deterioro.
En la tabla 2 puede verse,
en resumen, el procedimiento a seguir para el cálculo y contabilización
del deterioro del valor de los activos, que puede hacer más laboriosa
la confección del balance y su auditoría, pero que tiene
coherencia con lo establecido en el marco conceptual, puesto que no puede
haber un activo cuyo valor contable sobrepase el importe que se espera
recuperar por su uso o venta.
Autor: José Antonio GONZALO ANGULO – Universidad
de Alcalá
© Gonzalo Angulo, JA (2003): "Principales cambios que suponen
las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) respecto
al Plan General de Contabilidad (PGC)", 5campus.org, Contabilidad Internacional
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