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Por JUAN LLOBELL. Madrid

La oficina nacional de estadística de Reino Unido establece la esperanza de vida por profesiones. El tipo de actividad profesional no sólo condiciona el nivel socieconómico de una persona sino que también tiene un importante impacto en la calidad y esperanza de vida. De hecho, la longevidad varía hasta 8 años de unos profesionales a otros.


Un médico, un electricista, un ingeniero, un periodista o un peón de albañil se diferencian en muchas cosas. Pero hay una llamativa distinción que no es del todo conocida: unos profesionales viven más que otros simplemente por su ocupación. Así que el dilema de qué ser de mayor no es un cuestión baladí. Según un reciente estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas de Reino Unido, los trabajadores no cualificados tienen una menor esperanza de vida que los británicos de más formación y educación. Los médicos, los contables y los ingenieros viven una medida de 80 años -85 años si se trata de mujeres- mientras que los agricultores, los peones de la construcción o el personal que hace tareas de limpieza sólo alcanzan los 72 años -78 años las mujeres-. Es decir, determinados trabajos son premiados con ocho años adicionales. Entre ambos extremos, por supuesto, hay profesionales que viven más o menos: un profesor y un periodista, 79 años; un oficinista y un vendedor, 78 años; un fontanero y un electricista, 76 años, y un camarero y un vigilante, 75 años. Estas desigualdades han sido corroboradas en varios países como Francia, Estados Unidos y Finlandia. "Tal desfase tiene que ver con dos elementos. El primero son los riesgos y las prácticas laborales en cada tipo de empleo. Hay unos más peligrosos que otros. Otro aspecto trascendental es que la salud y la esperanza de vida están relacionadas con el nivel educativo. Los personas con mayores estudios tienden a estar más preocupadas por su dieta o por su salud", dice Antonio Cámara, demógrafo del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona. Un botón de muestra: es un hecho demostrado que el hábito de fumar predomina más entre la gente de estudios básicos. Igualmente, las capas sociales que gozan de menores ingresos tienden a ingerir un mayor número de grasas y azúcares, que pueden favorecer el desarrollo de enfermedades coronarias, diabetes, etc. Otros factores de peso como el estrés, las horas de sueño o incluso el prestigio social también juegan su papel.
Algunos expertos sugieren que la forma en la que se concibe la carrera profesional y cómo se progresa pueden marcar en una u otra dirección. "Yo diría que entre un 80% y un 90% de la mayor o menor longevidad en las profesiones depende de las prácticas laborales y los niveles educativos. Y el resto puede atribuirse a cuestiones como el estrés", precisa Cámara. En el pasado, los gigantescos desequilibrios socioeconómicos explicaban las diferentes esperanzas de vida según la posición social. Pero la llegada del Estado de Bienestar en los países occidentales tras la Segunda Guerra Mundial y su importante papel redistributivo tanto en lo referente a la sanidad como a la educación, ha hecho que el desfase en la longevidad de las ocupaciones converja seriamente.
Hoy el foso entre un abogado y un empleado de la construcción no es tan abismal como en el siglo XIX, cuando podía diferenciarse en más de una década.

Manual de supervivencia

• Las personas con mayor formación académica tienden a preocuparse más por su dieta o su salud
• Para los expertos, la longevidad depende en un 80%-90% de la dedicación laboral y del nivel educativo
• Está demostrado que el hábito de fumar predomina más entre los que tienen estudios medios
• El estrés y el prestigio social también influyen en la esperanza de vida de los ciudadanos


La longevidad geográfica

La esperanza de vida está influida por varios factores. Entre ellos está la dedicación laboral, pero también el nivel de riqueza, la contaminación o las políticas redistributivas del Estado. Y es habitual que varíe no sólo entre sexos -las mujeres viven más- sino entre regiones dentro de un mismo país. Los españoles ya viven de media 80 años, pero un navarro disfruta de 2,6 años más (81,5) que un andaluz (78,8). La infraestructura sanitaria es un factor clave. En España, las competencias sanitarias están en manos de los gobiernos regionales y Navarra es una de la que más recursos destina a este capítulo y que, al parecer, mejor gestiona el sistema de salud. Andalucía destaca por lo contrario. Este argumento no siempre convence: "La esperanza de vida es más un tema de dieta que de sistema sanitario. En la década de los 50 la estatura de los gallegos era 8 centímetros menor a la de los catalanes. Pero en los 80 desaparecieron las diferencias nutricionales, y la estatura tendió a equilibrarse", afirma Javier Tresguerres, de la Unidad de Envejecimiento de la Fundación Tejerina.





Fuente: ENTORNO en EXPANSIÓN de 26-12-2007