|
Web contable / Artículos de interés / Rafael Cámara. Presidente del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España (ICJCE) "Los auditores acatamos el nuevo plan general contable, aunque lo vemos deficiente y precipitado"
Por M. Luisa Atarés
Cámara denuncia el anquilosamiento del ICAC y su pasividad en el ámbito internacional.
Reclama una nueva legislación que limite la responsabilidad del auditor, garantice su independencia y concrete sus incompatibilidades.
Un año después de su desembarco en el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España, aún no ha logrado cambiar el nombre de la institución -"tan difícil de decir sin tomar aire"- por el de Instituto de Auditores; ni renovar su imagen corporativa, "anclada en el pasado"; ni su sede, "que se ha quedado pequeña, porque crecemos". Y encima, el veto del Senado a los Presupuestos Generales del Estado para 2008 se llevó por delante la ansiada reforma de la Ley de Auditoría. No obstante, Rafael Cámara hace un balance "muy positivo" de su primer ejercicio al frente del ICJCE. "Hemos superado las rivalidades históricas entre firmas grandes y pequeñas, entre Madrid y Cataluña, entre las distintas corporaciones... y hemos logrado aglutinar las preocupaciones y necesidades de los auditores en una sola voz que se ha hecho oír en el Parlamento español y en las instituciones internacionales".
Pregunta.- Logró la presidencia tras desbancar a candidatos destacados como la ex presidenta del Congreso Luisa Fernanda Rudi o Mario Alonso.
Respuesta.- No desbanqué a nadie. Era necesario aunar la profesión en torno al Instituto y es lo que logramos al integrar las dos candidaturas, la de Alonso, hoy vicepresidente, y la mía. Luisa Fernanda Rudi no se llegó a presentar, por eso no hubo rivalidad.
P.- ¿Ha sido bien vista por la profesión su aventura política con el PP?
R.- Si no hubiera venido del mundo de la auditoría, pues probablemente menos. Pero, aunque he estado unos años en política, antes me dedicaba a la auditoría del sector público, adonde he regresado. Descarto volver a la política, pero me ha enseñado cosas como a hacerte oír en todos los foros, y eso favorece mi labor actual. Los auditores hemos estado demasiado tiempo sin hablar ni explicarnos. En eso, en presencia, ya hemos avanzado mucho en 2007.
P.- ¿Qué ha cambiado en el Instituto en este año? ¿Es cierto que su primera medida fue quitar los símbolos religiosos del despacho de presidencia?
R.- Mi primera medida fue aprobar un plan estratégico, pero es cierto, aunque no deje de ser un chascarrillo, que el ICJCE necesitaba, necesita aún, modernizarse en la forma y en el fondo. También los despachos precisaban una puesta al día, como el nombre, que confunde y cuesta pronunciar y tras el que existe una profesión muy de actualidad como es la auditoría.
P.- ¿Y cómo va el desarrollo de ese plan estratégico? Había varios retos.
R.- Tres fundamentales y los tres pensados para ocho o diez años, porque teníamos en mente el mandato no ya sólo del actual consejo directivo que presido, sino del siguiente, que es el que presidirá Mario Alonso, como acordamos. Se trata de los cambios regulatorios urgentes que exige la profesión -la Ley de Auditoría vigente es de 1988-; de la apertura institucional del ICJCE a reguladores, supervisores -del Banco de España a la CNMV, la Comisión Nacional de la Energía, etc.- y a los grupos parlamentarios, porque al final las leyes se cambian en el Parlamento. Y en tercer lugar, se trata de encontrar nuestro sitio en el ámbito internacional.
P.- ¿Cuáles se han logrado este año?
R.- Hemos alcanzado el consenso en torno al cambio regulatorio aunque al final no ha fructificado porque el veto del Senado a los presupuestos se llevó por delante la modificación de la Ley de Auditoría. En ese sentido ha sido muy relevante el proceso de apertura institucional que estamos desarrollando. Nos hemos dado a conocer, hemos explicado cuales son nuestras preocupaciones y necesidades. Y en el ámbito internacional también hemos avanzado. Una profesión que no tenga consolidada una estrategia para formar parte de los núcleos de decisión internacionales, fundamentalmente los europeos, es una profesión desaparecida. Hemos tenido que sustituir la visible pasividad del regulador español en los debates internacionales. Nos hemos encontrado con un terreno que no digo que no estuviera cultivado, pero donde no había una voz española. Nosotros hemos puesto esa voz. En 2007 hemos pasado de no tener representación en el máximo organismo internacional, el IFAC (Federación de Institutos de Auditoría), a tener tres miembros destacados, dos de ellos mujeres. Y seguimos manteniendo una vicepresidencia en la Federación de Expertos Contables en Europa. Nuestra vocación es de máxima penetración. El balance de este año es positivo desde todo punto de vista. En los temas regulatorios ¿qué nos ha faltado? Que el consenso haya fructificado en el BOE.
P.- ¿Qué supone ese veto del Senado?
R.- Que se ha perdido una oportunidad magnífica para actualizar la ley española y adaptarla a la octava directiva europea, para dejar de ser el único país en el que los auditores tienen responsabilidad ilimitada y para desarrollar el marco de independencia e incompatibilidades de la profesión que marcó la Ley Financiera de 2002 y que aún sigue pendiente. Una lástima, ya que hemos alcanzado un grandísimo consenso entre los miembros de la profesión, los empresarios y los grupos parlamentarios, incluido el mayoritario que, desgraciadamente, no ha podido fructificar. Pero la inversión está hecha.
P.- Los auditores se quejan de que sólo se habla de ellos cuando hay escándalos contables.
R.- Hemos tenido que hacer autocrítica. Hasta ahora sólo salíamos a defendernos y son infinitamente más los casos en los que una salvedad o la opinión del auditor ha permitido que se reenfoque la situación financiera de una compañía, que los casos casi, casi de hemeroteca que han resultado lo contrario. Así que hemos optado por dejar de quejarnos tanto y hacernos oír, para que no pase inadvertida la magnífica labor de nuestros profesionales. Cada cual debe asumir la responsabilidad que tiene en el tejido económico y en la cadena de transmisión de la información financiera. El regulador contable tiene que proporcionar seguridad, el supervisor generar confianza en el mercado, el auditor hacer lo propio con la información que revisa, y el administrador, dueño de esa información, tiene que regirse por parámetros irreprochables de gobierno.
P.- ¿Y el nuevo Plan General Contable (PGC) va a generar seguridad?
R.- En nuestra estrategia de ganar presencia dentro y fuera de España, hemos salido a explicar los problemas que puede ocasionar una regulación contable incompleta y que va a crear dificultades. Probablemente nuestro regulador, el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), hubiera preferido que no insistiéramos en afirmar que la reforma contable no se estaba realizando de forma correcta. Pero consideramos positivo advertir de esa cuestión y de que España ha actuado de forma precipitada. No obstante, el nuevo PGC ha entrado en vigor el 1 de enero y lo acatamos. Nuestra misión ahora es aplicarlo y que solo produzca efectos positivos.
P.- ¿Qué falla en el ICAC?
R.- No es un problemas de sus profesionales, que los tiene de infinita valía, sino de su modelo, anclado en 1988 y pensado para defenderse de los auditores. Demandamos una puesta al día y el modelo a seguir podría ser el del Banco de España. Los auditores nos encontramos cómodos en su estilo de supervisión, por riguroso y duro que sea cuando revisan nuestros pronunciamientos. No nos asusta el alto nivel de exigencia; lo que nos preocupa es no hablar un mismo lenguaje, como ocurre con el ICAC.
P.- ¿Por qué no es ni ha sido posible la unificación de las tres corporaciones de auditores (el ICJCE; el REA y el REGA)? Ningún otro colectivo profesional tiene tantos colegios.
R.- Durante demasiado tiempo se ha discutido sobre unificación sí o no, y sólo ha servido para dar una magnífica excusa a los políticos para no avanzar en materia regulatoria. Lo importante es el consenso sobre la profesión y ya hablamos con una sola voz.
" El veto del Senado a los presupuestos de 2008 se llevó por delante la reforma de la Ley de Auditoría"
" Hemos dejado de quejarnos para exigir que cada cual asuma su responsabilidad en la cadena"
" No nos asusta el alto nivel de exigencia, pero sí que el ICAC no hable nuestro mismo lenguaje"
Fuente: ACTUALIDAD ECONÓMICA en EXPANSIÓN de 24-01-2008
|